Mapuches

Provenían de la región argentina de Neuquén, y cuando llegaron a nuestro país, cambiaron sus hábitos nómades por el sedentarismo.

En el siglo XVI ellos conformaban el conglomerado poblacional más grande de Chile, con más de un millón de habitantes.

Es uno de los pueblos originarios más numerosos que sobreviven en la actualidad. Con una población cercana al medio millón de individuos conservan aún su lengua, el Mapudungun, y en gran parte su cultura.

Se destacan los vínculos familiares y religiosos que los unen e identifican como una verdadera nación.

Antes del proceso de expansión Inca, los Mapuche, habrían habitado toda la zona del valle central, replegándose parcialmente hacia el sur presionados por el avance de los atacameños desde el norte.

Es el pueblo indígena que por sobre todos los de América resistió la dominación hispánica. El motor que impulsó dicha resistencia fue el concepto de tierra, Mapu, colectiva o tribal; la autonomía de los clanes y la unidad tribal y social en torno a la defensa de su territorio y su cultura.

La dispersión de la autoridad política, asentada en distintas jefaturas y ubicaciones territoriales dispersas, impidieron el éxito de la invasión y conquista española.

La familia mapuche es el núcleo fundamental de su organización social. Antes de la conquista española los pueblos del centro-sur vivían bajo un tipo de matriarcado. Los hijos llevaban la filiación y el totem de la madre (el marido debía ir a vivir con la familia de la esposa), sin embargo al momento de la conquista española, los hombres eran los jefes de familia, aunque los hijos seguían llevando el apellido de la madre.

A partir de allí se aceleró el cambio y la esposa debió ir a vivir a la agrupación del esposo, predominando desde entonces el concepto de familia patrilineal y virilocal.

El pueblo Mapuche no constituyó poblaciones, vivían dispersos, en familias, como en la actualidad. Los lof que reconocían un origen común formaban un Kawin y estos a su vez al reunirse formaban un levo. Un lof constituía un conjunto de familias de un mismo totem. Los levos celebraban asambleas democráticas en las que las autoridades eran elegidas por votación libre.

Situación actual

El Decreto Ley 2.568, tendiente a la división y liquidación de las comunidades mapuche generó una fuerte resistencia al interior del Pueblo Mapuche, cuestión que va a quedar reflejada en la creación y organización de los Centro Culturales Mapuche, la primera organización post golpe de Estado con un carácter independiente y autónomo que lucha por el reconocimiento constitucional como Pueblo Mapuche.

Con la promulgación de la Ley Indígena 19.253, se inicia un proceso de valoración, respeto y desarrollo de las comunidades que presentan una situación socioeconómica crítica y con altos índices de pobreza. El apoyo del Estado es fundamental para generar un desarrollo con identidad que permita mejorar las condiciones de vida y mantener sus tradiciones culturales. La población Mapuche actual es de 604.349 personas (censo 2002) que representan el 87% de la Población Indígena de nuestro país, ubicándose en su gran mayoría entre las regiones VIII, IX y X.

Historia

En el siglo XVI, los mapuche vivían en lo que los conquistadores llamaron Arauco o Araucanía, las tierras comprendidas entre el valle de Illapel por el norte y la isla de Chiloé al sur, en la actual Chile.

Los españoles lucharon duramente para conquistar a los mapuche, pero no pudieron dominar a ese pueblo guerrero y tenaz. Anteriormente, hacia fines del siglo XV, los Incas habían penetrado en sus tierras, y parecía ser que, en la zona norte ejercieron su dominio, aunque no hubo una absorción de su cultura. Lo cierto es que ya en el XVI, en medio de idas y vueltas, de ataques y contraataques, se fue desarrollando entre los dos bandos, blancos e indios, un comercio fluido. Los mapuches adoptaron rápidamente el caballo, un compañero que pronto se hizo imprescindible, y comenzaron a criar vacas y ovejas, que obtenían en los malones. Además, empezaron a intercambiar bienes con otras tribus del otro lado de la cordillera. Cada vez más a menudo, algunos grupos entraban en la Pampa y la Patagonia en busca de ganado y mercancías.

Desde el siglo XVIII, muchas tribus se establecieron definitivamente en lo que hoy es la Argentina. El proceso de mezcla de aspectos culturales de pueblos de la Araucanía con los de los pueblos de la Pampa y el norte de la Patagonia es conocido como araucanización.

La guerra de Arauco es uno de los hechos de más larga duración dentro de la historia nacional, trescientos años, que marcan profundamente el carácter de Chile y los chilenos. Se inicia el 22 de febrero de 1550 cuando guerreros mapuches atacan a las huestes castellanas; mandadas por don Pedro de Valdivia, en las orillas del río Andalién. Esta larga lucha de los araucanos por resistir a la ocupación de sus tierras, primero frente a los españoles y luego ante soldados de la República, sólo termina en la década de 1880.

Manifestaciones artísticas

En la actualidad, las principales expresiones del arte mapuche son la textilería (se usa lana de oveja), la cerámica (jarros con modelos asimétricos), la cestería (se elabora, principalmente, con boqui), el tallado en madera (se usa madera de los ricos bosques del sur) y la orfebrería (se basa en sus creencias religiosas).

Todos los conocimientos ancestrales sobre la realización de estas artesanías son traspasadas de generación en generación.

Vestuario

El guanaco proporcionaba a los mapuches la lana con la que confeccionaban sus ropas, aunque sus tejidos parecen haber sido de un solo color y sin adornos de figuras.

Hombres y mujeres vestían el chamal, especie de camisa larga que se ataba a la cintura. También se cubrían con pieles de zorros, de guanacos y de pumas, y se ornamentaban con collares de plumas y caracoles o de piedrecitas de colores. El uso del poncho es posterior, ya que fue introducido entre los mapuches por los indios peruanos que acompañaban a los españoles.

Las mujeres llevaban trenzas y los hombres, el pelo corto o amarrado en una cola. Usaban collares y otros adornos de plumas y de una piedra llamada malaquita.

Después de la llegada de los españoles, los mapuche comenzaron a elaborar adornos de plata, como el trapelacucha, un gran collar o pechera usado por las mujeres.

Ceremonias rituales:

machitún y nguillatún

La base de los ritos mapuches era la rogativa o petición. La ceremonia del nguillatún tenía por objeto pedir al Pillán y al totem que beneficiaran al pueblo con lluvias, cosechas abundantes, el aumento del ganado y otros favores.

La ceremonia del machitún se efectuaba para sanar a algún mapuche enfermo. Para ello intervenía un curandero llamado machi, al que se le atribuía poderes sobrenaturales que le permitían comunicarse con los espíritus. En el rito, el machi colocaba hojas de canelo -considerado como el árbol sagrado mapuche- y las encendía mientras realizaba cantos y danzas alrededor del paciente al son del kultrún, un tambor utilizado para invocar la ayuda de los pillanes bienhechores. Así, cuando la ruca se llenaba de humo, el machi, usando sus conocimientos de hipnotismo, creaba un fenómeno de alucinación colectiva, y fingía clavar un cuchillo en el enfermo. Después “urgaba” en el interior del mismo y les mostraba a los parientes la causa del mal, representada en lagartijas o insectos.

Finalmente, recetaba hierbas medicinales, como boldo, bailahuén, maitén, quillay y arrayán, entre otras.

Un elemento importante en el machitún era el rehue, un poste tallado donde el machi imploraba la ayuda de los espíritus.

La creación según los mapuches

El pueblo mapuche explica el origen del mundo a partir de la creencia en un gran cataclismo generado por la furia de dos grandes serpientes que se enfrentaron, Kai-Kai y Treng-Treng. Kai-kai empezó a subir las aguas de los mares y Treng-treng comenzó a levantar los cerros para que los mapuches se protegieran. Mientras Kai-Kai más subía las aguas, Treng-Treng más levantaba los cerros. De ese modo, muchos mapuches se ahogaron y, a medida que ocurría esto, Treng- Treng los convertía en peces o en piedras, para que vivieran de otra forma. Después de esto, cesó la lucha, Kai- Kai abandonó el combate y se hundió en el mar. De esta manera surgieron los diferentes elementos de la tierra, que fueron vistos como los linajes de las piedras, de los peces y de las aves, entre otros.

Agricultura

La base de la economía mapuche era la agricultura que, según las áreas geográficas en que se ubicaban los grupos, era practicada de diferentes formas: entre los ríos La Ligua y Cachapoal, dependían de la irrigación artificial; al sur del Cachapoal y hasta el río Biobío, de la de secano, y al sur del Biobío, de la agricultura de roza.

Los ambientes en los que se desenvolvió la cultura Mapuche en Chile, permitieron el desarrollo de una agricultura en pequeña escala con cultivos de maíz, papa, quinoa, y ají entre otros.

Los instrumentos agrícolas (de muy poca elaboración) eran un palo aguzado que se utilizaba para abrir agujeros e introducir las semillas; una piedra atada a un mango para romper los terrones, y una horqueta hecha de madera para arar la tierra.

Cazaban guanacos, huemules y roedores, y de la costa lograban extraer pescados y mariscos. Poseían, además, rebaños de ovejas, pero ellas rara vez eran sacrificadas, pues se reservaban como moneda de cambio para comprar a las novias y también para obtener lana.

Religión Mapuche

La visión religiosa del pueblo mapuche se basaba en la existencia de un mundo poblado de espíritus y dioses. Sin embargo, este politeísmo se resumía bajo la existencia de un ser todopoderoso, creador de todas las especies vivas, llamado Pillán o Neguechén, quien habitaba en las alturas celestiales y tenía la facultad de conceder la vida y la muerte. A esta deidad se asociaban manifestaciones de la naturaleza, como los truenos, el fuego, las erupciones volcánicas y los sismos.

Asimismo, practicaban el culto a los tótemes, entre los que se puede mencionar el cielo (huenu), el sol (antü), el mar (lavquen), el río (lenfu), la piedra (cura) y el agua (co). Cada tribu invocaba a su tótem respectivo, cuyo nombre era utilizado en los apellidos y del cual descendía de acuerdo a la alianza entre el Pillán y el tótem.

Cuando fallecía un mapuche, su cadáver era ahumado, para conservarlo y velarlo durante varios días. El pesar provocado por la muerte era demostrado con gran dolor, y cuando el nombre del difunto ya no era pronunciado, se lo enterraba vestido con sus mejores ropas y provisto de alimentos, chicha, adornos y armas. Luego de cubrir el cuerpo con tierra, los familiares consultaban al adivino o dunguve, para identificar quién era el responsable de la muerte y así cobrar venganza. Si no eran compensados satisfactoriamente, atacaban al presunto culpable con el fin de matarlo.

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